
Fue un día 23 de Septiembre, en Bariloche, cuando mis pies por fin tocaron aquella cosa blanca que de lejos parecia merengue. Su textura no era como la imaginaba, y cuando la tenia cerca ya no me la queria comer. Eramos varios emocionados al conocer a esta señora tan fría, tan blanca, pero tan llamativa. Bolas de nieve iban y venian, nuestras manos congeladas tomaban más del suelo y apuntaban al personaje que estuviese mas cerca y hacerlo victima de nuestra felicidad.

